Divagación: Círculos excéntricos
Suelto un suspiro profundo después de un largo sueño, abro los ojos y veo que la sustancia aún conserva sus propiedades; sin mi memoria, ¿cómo sabría si es un sueño?
Si el ser sostiene al ente, ¿quién sostiene al ser? Si el ente no es nada sin el ser, ¿qué es el ser sin el ente? Nada existe sin su opuesto, condenados a una falsa dicotomía.
Aunque la entropía todo lo desordena, la mente y la materia se perciben mutuamente y coexisten en sintonía, porque, a pesar de que desperté de un largo sueño, no percibo nada diferente. ¿Aún estoy soñando?
Sin importar la ausencia de mi razón, al despertar, el cuarto permanece oscuro, las sábanas frías y las ventanas cerradas; no detecto ningún cambio. Aunque nada se siente igual, si aún existo cuando duermo, ¿cuál es ese lugar?
Miro el reloj y se paraliza, me abstraigo y sigue avanzando, olvido que hay un progreso y vuelvo al comienzo, intento avanzar y el espacio se pliega sobre mí, como lo ha hecho desde siempre, desde que comenzó a existir.
Yo estoy aquí y ahora, soberano, pero un fragmento mío ha reclamado voluntad en otra parte. Si dejo de ser el ente dentro de mis sueños y tampoco soy el sueño de mi ente, ¿qué es el ente de mis sueños sin mí?
Observo y todo parece estar en orden: el escritorio de madera, el estampado de las colchas, la sensación de nostalgia; es idéntica a la de todas las veces. No importa cuán profundo duerma, nada parece alterarse.
Pero en ese reino etéreo cubierto por un aura onírica, supe que yo solo era un fragmento de mí. Pude actuar y pensar con autonomía aunque no estaba consciente, como habitar en un cuerpo que no te pertenece, pero que se apropia de ti.
Un déjà vu me recuerda que ya viví esto, que el tiempo, aunque es constante en su avance, tiende a repetirse en bucle, así como las palabras se refieren a sí mismas, así como yo me sueño a mí mismo cuando duermo. Cuando estoy despierto, ¿quién me está soñando?
El tiempo simula continuidad, aunque todo existe en simultáneo; lo que pensé en el futuro solo lo estoy recordando. En el pasado me olvidé de vivir el presente y ahora solo experimento el instante en el que todo se repite.
Las palabras y los símbolos pierden significado cuando el significante no es compartido; así también la materia pierde el sentido cuando observamos los arquetipos que la componen, sin compartir las pasiones que la alimentan.
Cerré los ojos unos segundos y el cansancio surtió efecto. El tiempo siguió corriendo como si no me hubiera ido, como si mi cuerpo inconsciente fuera suficiente para preservar los detalles.
Miro mis manos: de a poco se desdibujan. La realidad se vuelve difusa y la psique proyecta su haz en densidades inferiores; parece que algo está cambiando, pero no soy capaz de distinguirlo.
Dibujo la realidad como círculos excéntricos: no hay nada fuera de ellos que pueda ser. Limitan la no existencia y separan el infinito de lo finito; cada concepto engloba a otro hasta volverse autorreferente y recursivo.
Porque nada hay de diferente entre este sueño y el sueño que alguien más soñó, ni entre el sueño que alguien más me está soñando. El ser, como el sueño, no se sostiene a sí mismo. ¿Qué sostiene al soñador?
Hoy tuve otro de esos sueños extraños, donde me levanto suspirando profundamente después de un largo sueño.